Cuando sostienes una linterna por un buen rato, el vidrio se pone tibio. El foco usa mucha electricidad, y esa electricidad se convierte tanto en calor como en luz. Pero cuando ves a una Common Eastern Firefly brillando en un jardín en Worthington, Ohio, o en Chatham-Kent, Canadá, ves algo muy distinto. Su luz es fría. Ni una sola chispa de calor sale de sus colas cuando brillan en la oscuridad.
¿Cómo logran este truco? Todo se reduce a la química. Dentro de la pancita de una luciérnaga hay una pequeña fábrica química. Esta fábrica no usa cables ni baterías. En su lugar, mezcla ingredientes específicos para crear luz justo dentro del cuerpo del insecto.
Los científicos han estudiado este proceso por mucho tiempo. Para hacer luz, una luciérnaga necesita cuatro ingredientes principales. El primero es un químico llamado luciferina. El segundo es una enzima llamada luciferasa. Las enzimas son como pequeñas proteínas trabajadoras que aceleran las reacciones químicas. El tercer ingrediente es el magnesio, que ayuda a que las proteínas trabajen bien. El cuarto ingrediente es energía guardada en una molécula llamada ATP, que es el mismo tipo de energía que tu propio cuerpo usa para correr y brincar.
Cuando la luciérnaga quiere dar un destello, abre una válvula. Esta válvula deja que el oxígeno entre a su cola. En el momento en que el oxígeno se junta con la luciferina y la luciferasa, ocurre una reacción química rápida. La luciferina cambia de forma, y ese cambio libera energía. En vez de salir como calor, esa energía sale como luz visible. Es un proceso llamado bioluminiscencia. Significa luz viva.
A veces la gente se pregunta por qué la luciérnaga no se quema. La respuesta es la eficiencia. Los focos de los humanos desperdician mucha energía en forma de calor. La producción de luz de una luciérnaga tiene casi el ciento por ciento de eficiencia. Casi toda la energía se convierte directo en luz. Por eso los científicos estudian de cerca a las luciérnagas. Quieren aprender a hacer luces que no desperdicien energía.
Distintos tipos de luciérnagas hacen diferentes colores de luz. Algunas brillan en amarillo. Otras brillan en verde o hasta en un azul pálido. La European Glow-worm, que se encuentra en lugares como Hailsham, en el Reino Unido, y Naantali, en Finlandia, brilla con una luz suave y constante en vez de un destello rápido. Aunque su nombre en inglés diga gusano, en realidad es un escarabajo. Las hembras no tienen alas, así que se quedan en el pasto brillando para mostrarles a los machos que vuelan en dónde están.
Controlar la luz se trata de respirar. Las luciérnagas no tienen pulmones como nosotros. Respiran por unos tubitos en sus costados llamados tráqueas. Cuando una luciérnaga descansa, aleja el oxígeno de su fábrica en la cola. La luz se apaga. Cuando necesita mandarle una señal a un vecino, bombea oxígeno por esos tubitos en un abrir y cerrar de ojos. La luz se enciende. Luego corta el oxígeno y la luz se apaga.
Los científicos ciudadanos que usan el mapa de Alitaptap registran a estos bichitos brillantes por todo el mundo a finales de agosto. Desde las Texas Hooker Fireflies en Sugar Land, Texas, hasta la Common Eastern Firefly en Raleigh, Carolina del Norte, la gente las ve parpadear en la oscuridad. Cada vez que alguien anota un avistamiento, ayuda a los investigadores a entender dónde viven estos escarabajos brillantes y qué tan bien están.
La química dentro de una luciérnaga es pequeña, pero poderosa. Les permite hablar entre ellas, buscar pareja y sobrevivir en la oscuridad sin quemarse ni una sola ala.