Firefly stories

Cuando apagar la luz ayuda a las luciérnagas

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(c) Josh Boe, some rights reserved (CC BY)

Sal a caminar por Claridon Troy Road en Hiram, Ohio, una tarde de octubre, y tal vez veas una Winter Firefly descansando cerca de los árboles. O tal vez mires los registros de Park Drive en Muscatine, Iowa, donde este pequeño y resistente escarabajo sigue brillando mucho después de que termina el verano. Pero imagina encender un foco muy brillante justo encima de ese lugar. Ese repentino estallido de luz blanca lo cambia todo para los insectos que intentan enviar mensajes en la oscuridad.

La gente habla mucho de salvar el cielo nocturno para que los astrónomos puedan ver galaxias lejanas. Sin embargo, la iluminación exterior también cambia el mundo que está justo en el pasto. Si miramos de cerca cómo usan la luz las luciérnagas, veremos que muchas ideas sobre bombillas, lúmenes y cielos oscuros no coinciden con lo que los científicos ven en el campo.

Revisemos cuatro creencias comunes sobre la contaminación lumínica y las luciérnagas para ver qué es verdad.

Creencia uno: Cualquier luz exterior está bien si apunta hacia el pasto

Mucha gente piensa que si la luz del porche o de la entrada apunta directo al suelo, no molestará a la fauna local. Al fin y al cabo, la luz no brilla hacia las nubes. Se queda justo donde la gente necesita ver los pasos.

Lo que es verdad: Incluso las luces que apuntan hacia abajo esparcen un montón de brillo en el aire y rebotan en la tierra, las hojas y el concreto. Las luciérnagas no necesitan un rayo láser directo a los ojos para ser interrumpidas. El brillo general en el jardín actúa como una niebla luminosa. Llena el espacio entre los tallos y las briznas de hierba donde los insectos se aparean y buscan comida.

Cómo lo sabemos: Los biólogos que estudian la contaminación lumínica miden cómo viaja el brillo ambiental a través de la vegetación baja. Cuando prueban zonas de pasto iluminadas por lámparas protegidas, descubren que a las luciérnagas hembras les cuesta mucho más trabajo ver los destellos breves y suaves que envían los machos. El ruido de fondo de la luz es demasiado fuerte para que sus ojos distingan la señal.

(c) Josh Boe, some rights reserved (CC BY)

Creencia dos: Una bombilla brillante con muchos lúmenes es la forma más segura de iluminar un jardín

Al comprar bombillas de repuesto en la ferretería, la gente suele buscar números altos de lúmenes. Los lúmenes miden la cantidad total de luz visible que emite una bombilla. Un número más alto significa un brillo más fuerte, lo que hace que muchos suponen que mantiene los hogares más seguros y los patios más útiles después del atardecer.

Lo que es verdad: Meter una enorme cantidad de lúmenes en el patio trasero crea un día artificial en plena noche. Las luciérnagas dependen de la hora exacta y de la poca intensidad de sus destellos para comunicarse. Cuando un jardín se llena de lúmenes en exceso, esas pequeñas chispas de luz fría se vuelven invisibles.

Cómo lo sabemos: Los investigadores que siguen el comportamiento de los insectos cerca de parques urbanos y casas suburbanas notan que la cantidad de luciérnagas baja mucho en zonas con farolas LED de muchos lúmenes. Cuando las ciudades cambian a bombillas con menos lúmenes o usan colores más cálidos que imitan las luces viejas, los insectos regresan a las orillas de los caminos porque el brillo molesta menos a la vista.

Creencia tres: Las farolas solo molestan a los insectos que vuelan alto

Es fácil pensar que las farolas altas que están a seis metros de altura solo afectan a las criaturas que vuelan muy por encima del pavimento. La gente cree que los bichos que están abajo en la tierra o en los arbustos del jardín están a salvo de los haces de luz que brillan arriba.

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Lo que es verdad: La luz viaja lejos y se esparce hacia los lados y hacia abajo, llegando a los arbustos, los arriates y las ramas bajas. Las Winter Fireflies en lugares como Schodack Landing, Nueva York, o la Universidad de Vermont en South Burlington pasan mucho tiempo descansando cerca del suelo. Están expuestas a la luz que rebotan las calles y las paredes a su alrededor.

Cómo lo sabemos: Los estudios de campo que siguen a la European Glow-worm en lugares como Wisley en el Reino Unido muestran que las hembras que se quedan en el pasto dependen por completo de la oscuridad total para mostrar su brillo constante. Incluso las farolas lejanas proyectan suficiente luz lateral como para arruinar su rutina nocturna, haciendo que se escondan por más tiempo o que no logren atraer pareja.

Creencia cuatro: Apagar las luces por la noche no ayuda mucho a la fauna local

Algunas personas creen que una vez que una zona ya tiene casas y entradas pavimentadas, dejar unas pocas luces del porche encendidas hasta el amanecer no hará ninguna diferencia notable en el ecosistema local.

Lo que es verdad: Apagar las luces exteriores que no se necesitan, usar temporizadores o poner sensores de movimiento da un alivio inmediato a los insectos. Las noches más oscuras permiten que las luciérnagas vuelvan a su vida normal sin confusión visual.

Cómo lo sabemos: Los datos de ciencia ciudadana reunidos en proyectos de mapas como Alitaptap muestran que los observadores reportan avistamientos constantes en jardines rurales y parques suburbanos oscuros donde la contaminación lumínica es baja. Cuando los vecindarios participan en noches de apagar las luces por el cielo oscuro, la cantidad local de luciérnagas activas suele recuperarse porque la noche vuelve a su ritmo natural.

Where this came from

Written with AI help from real firefly sighting data, then checked by a human before publishing.

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